Pulsa aquí para contestar una encuesta

jueves, 18 de septiembre de 2008

El inmenso valor de cinco minutos

Créalo o no, voy a probarle cuán importante puede llegar a ser esa doceava parte de la maquinita cronométrica que casi todos llevamos ceñida a la muñeca izquierda…Y le aseguro que me lo agradecerá más de una vez. Olvidémonos por un momento de las fórmulas más o menos practicables y más o menos predecibles relacionadas con la administración del tiempo. Para qué subestimar su talento y sus conocimientos, amigo lector, si estoy convencido de que usted, ahora mismo, podría llenar los espacios del 1. al 5. con reglas y procedimientos útiles para competir decorosa y exitosamente contra el reloj.

Observe que acabo de escribir “contra el reloj” y no “contra su reloj”… También acabo de dar a entender que las fórmulas son tanto más efectivas cuanto más dispuestos estemos a aplicarlas. Por desgracia, es justo ahí, en el plural, donde menguan o terminan por diluirse las buenas intenciones, los buenos propósitos y hasta las estrategias más simples o más sofisticadas que podamos implementar. Para decirlo de un modo más sencillo, su tiempo no es “su” tiempo, sino sólo su parcela de tiempo, sus ocupaciones y prioridades, más el tiempo y los quehaceres del otro, del cercano y del distante, del jefe o del desconocido, en fin, de quienes a diario interactúan con nosotros.

Rara vez encuentro suficiente énfasis en este delicado aspecto. Parece tan evidente que quizá por eso mismo se soslaya. Esa realidad de mi tiempo + tu tiempo y todas sus variantes —incluso las antagónicas, por supuesto— se vuelve traslúcida y miramos a través de ella tratando de avistar el faro que nos guíe como si en dicha realidad no descansara la construcción de cualquier teoría-sistema-manual de procedimiento de gestión eficiente del tiempo. Son muchas y muy importantes las consideraciones que podríamos hacer en torno de este fundamental principio: el valor de mi tiempo, el aprovechamiento óptimo de mi tiempo dependen no sólo de mi propia resolución, de mi actitud y capacidad de compromiso, sino de que los demás tomen conciencia de ello y obren de tal manera que se convierta en una consigna común, firmemente respaldada y alimentada por los miembros de un equipo de trabajo o de un colectivo cualquiera.

Podemos concluir, entonces, que una gestión altamente eficiente del tiempo es en gran medida correlativa, interdependiente. En consecuencia, nos urge que los demás valoren tanto su tiempo como lo hacemos o pretendemos hacerlo nosotros. Ay, pero los demás… Los demás son muchos individuos, muchos pareceres, muchos intereses en juego, demasiados. ¿Acaso es razonable esperar que decenas de seres familiares, conocidos y extraños que a diario orbitan a nuestro alrededor, más o menos conscientes, más o menos responsables, peor o mejor motivados, hayan aprendido o quieran aprender a valorar la importancia del consumo inteligente de este recurso para convertirlo en una poderosa arma a favor de la eficiencia y competitividad? Por supuesto que no. Sin embargo, este laudable propósito se vuelve mucho más asequible, vale decir administrable, si reducimos el universo a nuestro entorno de trabajo, si comenzamos en corto, formalizando pactos y estrategias bien detalladas y consensuadas con el de al lado, con el inmediato, con el jefe de despachos, con el outsourcing de transportes, con este departamento, con aquel proveedor.

Las empresas, los conglomerados y toda manifestación de gregarismo humano, bien lo sabemos, son comparables a cualquier organismo viviente y a las competencias o simbiosis que existen entre ellos. Algunos vuelan y corren a gran velocidad, mientras otros cojean, se intoxican, se separan del grupo, se extravían o se exponen a ser alcanzados y eliminados por los mejores, por los más aptos. La naturaleza misma provee abundantes y sorprendentes ejemplos de sincronía y eficiencia a toda prueba: basta sentarse a observar el aparente caos de las abejas obreras entrando y saliendo del panal, o el vuelo migratorio de los gansos canadienses en formación delta antes de la temporada invernal.

Un buen manager y una buena administración deben considerar seriamente la necesidad de abordar el tema de la gestión eficiente del tiempo no sólo desde el punto de vista normativo-reglamentario, con abstracciones que difícilmente sobrevivirán a la vuelta de un par de semanas o de un mes. Si no se planea muy bien cuáles han de ser las respuestas a la interacción con personas ajenas a nuestros brillantes y magníficos propósitos, regresaremos irremediablemente a la amenazante conclusión de que es virtualmente imposible conciliar el buen uso de su tiempo con el de sus cercanos o los de más allá.

Pues bien, vale la pena proponer un sencillo y práctico esquema estratégico para atenuar y contrarrestar esa realidad que suelo enmarcar en un solo y amplio concepto: “los choques de la interactividad no consensuada”. Luego, como lo anuncié en las primeras líneas de este texto, propondré una tecnícula de mi propia invención, sorprendentemente simple, que me ha bendecido con muchos suspiros de alivio en mi cotidiana batalla contra la impuntualidad y el desperdicio del tiempo.

AUTOR: Juan Carlos Díez Posada
Tomado de :http://www.degerencia.com

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Ayer que me vi al espejo, pude darme cuenta que mi trabajo habia disfrutado mas de mi que mi propia niña.

Anónimo dijo...

ucho se ha escrito sobre este tema, pero lo que a mi en verdad me sirvió y me ayudo a reflexionar fue el curso q realice en http://www.youlearnfree.com/

Anónimo dijo...

Esta reflexion me ayudaría a simplificar me trabajo de gran manera.

Anónimo dijo...

Administrar bien el tiempo es esencial para el éxito de su negocio y el cumplimiento de las metas